Juan Cristóbal Cárdenas
Guapondélig, Tumipamba, Cuenca; no importan los nombres que
ha ostentado la ciudad en la que vivo. Lo realmente importante es el
descubrimiento de la verdadera divinidad por la cual estamos regidos sus
habitantes.
El Dios que nos gobierna no es el Inti, para nada; ésta es
una importación de los incas que quisieron instaurarlo a fuerza de colonización
y propaganda.
¿Acaso es el dios de los católicos, el padre de Jesús?
Tampoco. Esta otra novedad, traída por los españoles, no es la divinidad a
la cual le rendimos tributo. Admito que mi mente está influida por el dios
europeo, debido a mi herencia española; pero debería asegurar que la mayor
parte de los cuencanos no seguimos los preceptos de este dios.
El verdadero dios vive en la cima de la montaña más alta de
la ciudad: el Cabogana. Habita en este monte desde tiempos inmemoriales; se
dice que suele tomar forma de diferentes animales para distraerse.
Me parece necesario distinguir las características de la
personalidad del dios. Esto es muy importante, pues ellas definen el
comportamiento de los habitantes de la ciudad.
Primeramente afirmo que es un dios completamente punitivo;
le encanta castigar a los humanos y una de sus enseñanzas -que hemos de aprender-
es el deber de castigar a cualquier persona que cometa un error; por pequeña
que sea la falta, debe ser castigada con dureza.
En segundo lugar: el dios de nuestra ciudad es
extremadamente vengativo. Si se le hace una ofensa él desatará su furia sin
miramientos y se cobrará con creces el daño recibido. Este precepto (de la
venganza) también debe ser puesto en práctica por los ciudadanos, y es acatado
con rigor por los vecinos de nuestro pueblo.
Por otra parte, se sabe que es un dios egoísta, no soporta
la felicidad ajena, o más bien debería decir que le disgusta la felicidad
individual; si él no participa en una especie de felicidad colectiva se siente
miserable, marchito.
Hay quienes afirman que su principal objetivo es ganar (el bien del otro es una preocupación inútil).
Hay quienes afirman que su principal objetivo es ganar (el bien del otro es una preocupación inútil).
Nuestro dios es un dios irreflexivo y al cual le fascina
desarrollar actividades variadas hasta extenuarse. Se dice que esta
característica se debe a su origen montano. El vecino de nuestro pueblo tiene
como regla realizar muchas actividades para complacer al dios. No se le concede
importancia a la calidad de la actividades ni al inocuo hecho de concluirlas o
no. Lo fundamental para el dios de mirada felina es constatar que el humano ha
realizado muchos trabajos.
Hace miles de años los pobladores de este valle subían el
Cabogana con algún desafortunado habitante (quizás un niño o niña) y le cortaban
la garganta en la cima del cerro. Esta era la única manera de rogar
benevolencia al dios. Todos los preceptos debían cumplirse a cabalidad. Es un
dios milenario.
Si leíste estos cuentos por favor déjanos tu comentario. Así sabré su opinión y si los han leído, gracias.
ResponderEliminarSi tuvieras la misión de crear al Dios del Cabogana, cómo sería este?
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