domingo, 15 de junio de 2014

EL VERDADERO DIOS


Juan Cristóbal Cárdenas

Guapondélig, Tumipamba, Cuenca; no importan los nombres que ha ostentado la ciudad en la que vivo. Lo realmente importante es el descubrimiento de la verdadera divinidad por la cual estamos regidos sus habitantes.
El Dios que nos gobierna no es el Inti, para nada; ésta es una importación de los incas que quisieron instaurarlo a fuerza de colonización y propaganda.
¿Acaso es el dios de los católicos, el padre de Jesús? Tampoco. Esta otra novedad, traída por los españoles, no es la divinidad a la cual le rendimos tributo. Admito que mi mente está influida por el dios europeo, debido a mi herencia española; pero debería asegurar que la mayor parte de los cuencanos no seguimos los preceptos de este dios.
El verdadero dios vive en la cima de la montaña más alta de la ciudad: el Cabogana. Habita en este monte desde tiempos inmemoriales; se dice que suele tomar forma de diferentes animales para distraerse.
Me parece necesario distinguir las características de la personalidad del dios. Esto es muy importante, pues ellas definen el comportamiento de los habitantes de la ciudad.
Primeramente afirmo que es un dios completamente punitivo; le encanta castigar a los humanos y una de sus enseñanzas -que hemos de aprender- es el deber de castigar a cualquier persona que cometa un error; por pequeña que sea la falta, debe ser castigada con dureza.
En segundo lugar: el dios de nuestra ciudad es extremadamente vengativo. Si se le hace una ofensa él desatará su furia sin miramientos y se cobrará con creces el daño recibido. Este precepto (de la venganza) también debe ser puesto en práctica por los ciudadanos, y es acatado con rigor por los vecinos de nuestro pueblo.
Por otra parte, se sabe que es un dios egoísta, no soporta la felicidad ajena, o más bien debería decir que le disgusta la felicidad individual; si él no participa en una especie de felicidad colectiva se siente miserable, marchito.

Hay quienes afirman que su principal objetivo es ganar (el bien del otro es una preocupación inútil).
Nuestro dios es un dios irreflexivo y al cual le fascina desarrollar actividades variadas hasta extenuarse. Se dice que esta característica se debe a su origen montano. El vecino de nuestro pueblo tiene como regla realizar muchas actividades para complacer al dios. No se le concede importancia a la calidad de la actividades ni al inocuo hecho de concluirlas o no. Lo fundamental para el dios de mirada felina es constatar que el humano ha realizado muchos trabajos. 
Hace miles de años los pobladores de este valle subían el Cabogana con algún desafortunado habitante (quizás un niño o niña) y le cortaban la garganta en la cima del cerro. Esta era la única manera de rogar benevolencia al dios. Todos los preceptos debían cumplirse a cabalidad. Es un dios milenario.

2 comentarios:

  1. Si leíste estos cuentos por favor déjanos tu comentario. Así sabré su opinión y si los han leído, gracias.

    ResponderEliminar
  2. Si tuvieras la misión de crear al Dios del Cabogana, cómo sería este?

    ResponderEliminar